Cuando el anhelo supera la realidad y el amor no condice con la vida. Cuando la espera supera al tiempo y la nostalgia todos los días grises. Cuando el equipaje supera tus hombros y las vanidades la estupidez. Cuando las ansias superan tu paciencia y el olvido todos los buenos recuerdos. Cuando todo esto te pase y te des cuenta, no abandones, estás a punto de despertar.

La patria heredada

“Cuando era pequeña y subía a la terraza comunitaria de mi edificio a recoger la ropa que mi madre había tendido, me resultaba inevitable chusmear entre las sábanas de otros, ver si utilizaban broches o no para colgar las prendas, mirar si separaban la ropa de color de la blanca, como siempre repetía mi madre. Resulta un tanto irrespetuoso hacerlo, pero por otro lado, asomarme sin permiso a la vida de mis vecinos me permitía sentirlos más cercanos. Todas aquellas cuerdas blancas con calzones, corpiños, calzoncillos, pijamas, pantalones y camisetas creaban, en conjunto, una identidad. Ya de más grande la misma tradición me avergonzaba, nos habíamos mudado a una casa con poco fondo y a mi madre le encantaba colgar la ropa en una cuerda que atravesaba todo el jardín delantero. No entendía su obsesión ¡teniendo la posibilidad de comprar un secarropas y colgar en un tender pequeño!. Recuerdo evitar invitar a mis amigas a casa por temor a que se burlasen de mí. Qué estúpida puede ser la ignorancia, yo no sabía de tradiciones familiares, ni de costumbres lugareñas transportadas a otros sitios, solo creía que era indecoroso mostrar las prendas en un tendedero.
¿Qué puede haber más decoroso que tener tu propia cuerda para colgar tu ropa al sol?
Sin duda, pasado el tiempo de las apariencias, esas banderas cotidianas en las que transcurren la vida, son para mí la patria heredada”
palabras de Francesca en “Tulipano negro”
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Uno más esparcido por el mundo

Vivís con el costo de tu libertad
de tu crítica, tu inteligencia
Pagás caro el costo de tu sensibilidad
de tu experiencia y tu sabiduría
Tu autonomía insultante
Tu intrepidez agobiante
Tu compromiso sella a fuego tu acción
no tenés permitido escaparte
ni echarte a un lado,
ni tan solo descansar,
mucho menos quejarte
Te la buscaste por elegir crecer y amar
por ser honesto
y petulantemente directo
por dar con gusto
por apostar a lo bello
Tu destino es la soledad
el castigo de los necios
la brutalidad del mediocre
el choque sin remedio
Te toca el trabajo sucio e ingrato
el olvido y el desprecio
Porque no se te perdona el mensaje
Porque irrumpís como el alba encandilando
Porque tu luz ciega y da pereza
Porque recuerda lo que falta, lo que resta
Porque no transás con la ignorancia
Porque no te conformás
Porque tu lucha rompe las pelotas
Y tu decir fastidia en un mundo que no quiere,
que le da fiaca despertar
Serás el culpable
Serás la piedra
Serás el cáncer
La oveja negra
Serás de quien hablarán sin descanso
El blanco elegido
Serás principio y fin
Serás espejismo y maldición
Fetiche codiciado por un rato
Nadie se atreverá a descifrarte
Serás cientos de posibilidades y fantasmas

Te deseo suerte en tu camino
No olvides tu esencia y tu destino
Somos muchos esparcidos por el mundo
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Tulipano negro- novela en pleno proceso

Ella: Francesca, una mujer argentina radicada en Sicilia desde su adolescencia. Tras la muerte sorpresiva de seres muy cercanos se acerca la presunción de su propio ocaso. La pre menopausia, sueños que presagian su propia muerte, el autoanálisis de una vida diseñada por otros…y una sombra que la persigue en sueños…intentará ser una novela con altas dosis de humor, sarcasmo y piscas de romanticismo de la bella Italia, con sabor y aroma a vino de la campiña siciliana.
Sandra Defrancesco

“Una voz interior que me invita nuevamente a ser prudente con mis palabras, no solo las dichas, también las pensadas. Lo cierto es que nunca he podido dominar mis impulsos. Me reconozco como una mujer con poco filtro o nada de filtro, brutalmente honesta y tempestiva.
Por desgracia, no es posible que no haya nadie, estoy yo para recordarme lo que aún no logré. Grito con mis pensamientos que no puedo detener”

Ilha da magia

Un tiempo para recrear mi mente desvariada, invadida por un horizonte sombrío demasiado cercano.
Un tiempo para limpiar mis ojos con atardeceres sobre el mar.
Un tiempo para recrearme en delirios insignificantes.
Un tiempo para hacerme una con las olas de mar que me recuerdan que la vida no es más que una constante…más las miro, más me fundo en su balanceo
Un tiempo, solo el necesario, para impregnar mi retina sin mediación de lentes con la exuberancia que me rodea
Ilha de la magia: tatuame el alma con tu selva y tus matices, embriagame de tus fragancias, hipnotizame con tus flores y manchame con tus colores para siempre
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No conozco su nombre ni su edad. Tampoco sé nada de él, solo que hace más de 20 años se dedica a limpiar los parabrisas de los autos que se detienen en el semáforo de aquella ruta que me condujo a la escuela donde trabajaba, durante 15 años.
Siempre que me veía venía a limpiar los cristales, tuviera o no dinero para ofrecerle a cambio. Siempre con una sonrisa amplia y agradecido, con una bendición para mi día.
Ya hace 5 años que tomo ese camino solo para visitar a mi amiga.
Ayer volví a pasar por ahí, al verme, corrió a saludarme y a limpiar los cristales: “tanto tiempo sin verla!, qué alegría que se encuentre bien! Dios la bendiga”
Y sin necesitar armar un árbol navideño, tomé ese gesto como un guiño del cielo.

En días como hoy las palabras no me son dadas fácilmente. Más bien sí las lágrimas. Lágrimas matizadas de color nostalgia, una especie de gris celeste, como cuando está nublado sobre el mar. ..
Hace unos años quise construir un jardín de rosas en una escuela, conseguí en donación cincuenta rosales. Cada día faltaban uno o dos, y dejaban el rastro, en el hueco sobre la tierra. A nadie, más que a mí le interesaba regarlos. En breve mi sueño hecho realidad se había desvanecido. Creo que de eso se trata la vida encontrar con quienes construir ese jardín, quienes estén dispuestos a cuidarlo todos los días.
Y sí…espero que estas lágrimas nutran el suelo para que la rosa sea.

Si sonrío desde adentro, francamente
no creas que tengo todo resuelto, al contrario.
Es que me di cuenta que lo que no tiene solución
será a pesar de mis esfuerzos, mi sacrificio y mi tristeza
Así que lo dejo ser
y me permito sonreír

 

El ropero y yo (segunda parte)

Ya les comenté sobre mi extraña relación con el ropero. No podrán creer lo que me ocurrió hace unos instantes. Me dispuse a descansar y cuando estaba a punto de dormirme comencé a escuchar ruidos extraños, agudicé mis sentidos y pude percibir el cuchicheo entre el ropero y la cómoda antigua que adquirí en el compraventas. Fue una sensación increible. La cómoda se quejaba de mi desorden y de la sobrecarga que estaba tolerando, el ropero manifestaba su complicidad con aquel vestido de lanilla que rechacé los últimos dos inviernos y que según entendí se había deslizado de la percha para esconderse en un rincón del mueble, a sollozar su abandono.. Los jeans del último cajón reclamaban sentirse más exigidos desde que aumenté de peso, los escuché cómo cambiaban su lugar con la calza y el jogging azul. La cómoda reboleó remeras y musculosas y el ropero las amontonó junto a los zapatos. De repente todo estaba cambiado, revuelto. Caótica realidad ante mis ojos. El espejo parecía regodearse de lo que estaba aconteciendo, ya lo hacía cada vez que me devolvía una imagen, esa imagen que no era la esperada.
Sorpresivamente una caja con un sombrero cayó de lo más alto del ropero y logró traerme de mi pesadilla. Era mi capelina roja favorita. Esa tarde no dudé en salir luciéndola y agradeciendo estar viva.