Un minuto de magia

Si pudiera hacer desaparecer algunas cosas enterrándolas, incinerándolas o simplemente usando magia haría desaparecer entre otras cosas los cumpleaños y sus reuniones por cortesía, por compromiso, por tradición. Y celebraría la vida porque sí, la amistad, y los logros, cumplir años no conlleva mérito alguno, el tiempo pasa para todos por igual.
Si pudiera, haría desaparecer el falso patriotismo, la moralina de las fiestas patrias, el acartonamiento de las formaciones y los desfiles, las filas en las escuelas, las oraciones desactualizadas, sin sentido, los discursos que nadie escucha, las palabras de otros que se leen como propias sin dar aviso del plagio al interlocutor.
Si pudiera eliminaría el deber ser en todas sus dimensiones e inventaría tintes que visibilizaran la envidia, la mentira, los celos, las falsedades, la hipocresía, el interés.
Si pudiera enterraría el dinero en todas sus formas, mejor lo quemaría y destruiría toda maquinaria que lo genere y hasta borraría de la memoria su uso.
Aniquilaría con una vara mágica toda forma de matar, menos esta vara que sólo aniquila lo que destruye la vida.
Y borraría la especulación, la cobardía, la desidia, la miseria, el hambre, las guerras, toda manifestación de violencia,… la ignorancia que olvida y que se enceguece en repetir las historias nefastas.
Y reinventaría el mundo, y desenterraría las almas valientes sin guerra. Y llamaría a las musas inspiradoras, y pintaría de colores los días y embriagaría de pasión los corazones, y liberaría las almas soñadoras. Y convocaría a todos los seres del universo para que se reconozcan y se reúnan por propósitos que se integren y nos eleven a una conciencia mayor más armónica y conviviente.
Sandra Defrancesco

Amo los intentos y las transformaciones. Las ganas de crecer venciendo el ego. La superación del fracaso a través de la aceptación del mismo. La unión de voluntades y el trabajo en equipo. Los ojos que brillan ante la espera de un cambio. El niño que todos llevamos y que se escurre de a ratos. El capricho camuflado en propuesta, el juego solapado en tareas. El odio que esconde tristeza y que cuando se lo sospecha se desarma en lágrimas.

Cuando el anhelo supera la realidad y el amor no condice con la vida. Cuando la espera supera al tiempo y la nostalgia todos los días grises. Cuando el equipaje supera tus hombros y las vanidades la estupidez. Cuando las ansias superan tu paciencia y el olvido todos los buenos recuerdos. Cuando todo esto te pase y te des cuenta, no abandones, estás a punto de despertar.

La patria heredada

“Cuando era pequeña y subía a la terraza comunitaria de mi edificio a recoger la ropa que mi madre había tendido, me resultaba inevitable chusmear entre las sábanas de otros, ver si utilizaban broches o no para colgar las prendas, mirar si separaban la ropa de color de la blanca, como siempre repetía mi madre. Resulta un tanto irrespetuoso hacerlo, pero por otro lado, asomarme sin permiso a la vida de mis vecinos me permitía sentirlos más cercanos. Todas aquellas cuerdas blancas con calzones, corpiños, calzoncillos, pijamas, pantalones y camisetas creaban, en conjunto, una identidad. Ya de más grande la misma tradición me avergonzaba, nos habíamos mudado a una casa con poco fondo y a mi madre le encantaba colgar la ropa en una cuerda que atravesaba todo el jardín delantero. No entendía su obsesión ¡teniendo la posibilidad de comprar un secarropas y colgar en un tender pequeño!. Recuerdo evitar invitar a mis amigas a casa por temor a que se burlasen de mí. Qué estúpida puede ser la ignorancia, yo no sabía de tradiciones familiares, ni de costumbres lugareñas transportadas a otros sitios, solo creía que era indecoroso mostrar las prendas en un tendedero.
¿Qué puede haber más decoroso que tener tu propia cuerda para colgar tu ropa al sol?
Sin duda, pasado el tiempo de las apariencias, esas banderas cotidianas en las que transcurren la vida, son para mí la patria heredada”
palabras de Francesca en “Tulipano negro”
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Uno más esparcido por el mundo

Vivís con el costo de tu libertad
de tu crítica, tu inteligencia
Pagás caro el costo de tu sensibilidad
de tu experiencia y tu sabiduría
Tu autonomía insultante
Tu intrepidez agobiante
Tu compromiso sella a fuego tu acción
no tenés permitido escaparte
ni echarte a un lado,
ni tan solo descansar,
mucho menos quejarte
Te la buscaste por elegir crecer y amar
por ser honesto
y petulantemente directo
por dar con gusto
por apostar a lo bello
Tu destino es la soledad
el castigo de los necios
la brutalidad del mediocre
el choque sin remedio
Te toca el trabajo sucio e ingrato
el olvido y el desprecio
Porque no se te perdona el mensaje
Porque irrumpís como el alba encandilando
Porque tu luz ciega y da pereza
Porque recuerda lo que falta, lo que resta
Porque no transás con la ignorancia
Porque no te conformás
Porque tu lucha rompe las pelotas
Y tu decir fastidia en un mundo que no quiere,
que le da fiaca despertar
Serás el culpable
Serás la piedra
Serás el cáncer
La oveja negra
Serás de quien hablarán sin descanso
El blanco elegido
Serás principio y fin
Serás espejismo y maldición
Fetiche codiciado por un rato
Nadie se atreverá a descifrarte
Serás cientos de posibilidades y fantasmas

Te deseo suerte en tu camino
No olvides tu esencia y tu destino
Somos muchos esparcidos por el mundo
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Tulipano negro- novela en pleno proceso

Ella: Francesca, una mujer argentina radicada en Sicilia desde su adolescencia. Tras la muerte sorpresiva de seres muy cercanos se acerca la presunción de su propio ocaso. La pre menopausia, sueños que presagian su propia muerte, el autoanálisis de una vida diseñada por otros…y una sombra que la persigue en sueños…intentará ser una novela con altas dosis de humor, sarcasmo y piscas de romanticismo de la bella Italia, con sabor y aroma a vino de la campiña siciliana.
Sandra Defrancesco

“Una voz interior que me invita nuevamente a ser prudente con mis palabras, no solo las dichas, también las pensadas. Lo cierto es que nunca he podido dominar mis impulsos. Me reconozco como una mujer con poco filtro o nada de filtro, brutalmente honesta y tempestiva.
Por desgracia, no es posible que no haya nadie, estoy yo para recordarme lo que aún no logré. Grito con mis pensamientos que no puedo detener”

Ilha da magia

Un tiempo para recrear mi mente desvariada, invadida por un horizonte sombrío demasiado cercano.
Un tiempo para limpiar mis ojos con atardeceres sobre el mar.
Un tiempo para recrearme en delirios insignificantes.
Un tiempo para hacerme una con las olas de mar que me recuerdan que la vida no es más que una constante…más las miro, más me fundo en su balanceo
Un tiempo, solo el necesario, para impregnar mi retina sin mediación de lentes con la exuberancia que me rodea
Ilha de la magia: tatuame el alma con tu selva y tus matices, embriagame de tus fragancias, hipnotizame con tus flores y manchame con tus colores para siempre
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No conozco su nombre ni su edad. Tampoco sé nada de él, solo que hace más de 20 años se dedica a limpiar los parabrisas de los autos que se detienen en el semáforo de aquella ruta que me condujo a la escuela donde trabajaba, durante 15 años.
Siempre que me veía venía a limpiar los cristales, tuviera o no dinero para ofrecerle a cambio. Siempre con una sonrisa amplia y agradecido, con una bendición para mi día.
Ya hace 5 años que tomo ese camino solo para visitar a mi amiga.
Ayer volví a pasar por ahí, al verme, corrió a saludarme y a limpiar los cristales: “tanto tiempo sin verla!, qué alegría que se encuentre bien! Dios la bendiga”
Y sin necesitar armar un árbol navideño, tomé ese gesto como un guiño del cielo.

En días como hoy las palabras no me son dadas fácilmente. Más bien sí las lágrimas. Lágrimas matizadas de color nostalgia, una especie de gris celeste, como cuando está nublado sobre el mar. ..
Hace unos años quise construir un jardín de rosas en una escuela, conseguí en donación cincuenta rosales. Cada día faltaban uno o dos, y dejaban el rastro, en el hueco sobre la tierra. A nadie, más que a mí le interesaba regarlos. En breve mi sueño hecho realidad se había desvanecido. Creo que de eso se trata la vida encontrar con quienes construir ese jardín, quienes estén dispuestos a cuidarlo todos los días.
Y sí…espero que estas lágrimas nutran el suelo para que la rosa sea.