Oda a la música

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Indubitablemente todo en el Universo es Vibración
corriente de sonido permanente

Mi vida en ese río
Detenida en la escala armónica
Esperando lanzarse en un esfuerzo para atravesar la pausa
Necesitando un impulso solar para seguir
Para salir de la sombra confortable que albergó a la semilla
y florecer

Todo movimiento o creación se desarrolla según una gama
La música, la lengua internacional del alma,
mi lengua materna
Y la voz, instrumento vivo
que no miente,
creadora de angustia y de encanto
de amor y de pena

Afino los sentidos
Escucho los semisilencios de la vida
de una naturaleza que no cesa en murmurar una armonía constante,
una música continua,
para que la magia se manifieste

Leo escuchando
Desentraño los versos
Desnudo la poesía
y la incorporo en mí
Inspiro sonoridad que embriaga
Exhalo lluvia de vibraciones intensas
y canto
Para que un día mi canción embriague a otros,
al menos por un rato,
y como un hada sustraiga las almas del cuerpo,
para que pasado el trance
vuelva consolada
exaltada y enardecida

Sigo intentando descubrir algún sentido
para no despedirte
me pesás
neblinás mi mirada
me encerrás en tu jaula
y yo quieta
impávida
zombie
Me contagiás tu rechazo a la luz del día
y yo te sigo aguantando como si nada
Quizás porque fuiste heredado
Quizás porque fuiste fiel a mi lado
Hoy debo abandonarte
porque de no hacerlo
me quedaré sin nada
Sé que podrás superarlo
Sé que podrás perdonarme
Te pido de regreso mi luz y mis alas
(Dedicado a mi más fiel compañero: el miedo)

Sandra Defrancesco

Música: Cara o Seca “Hojas de otoño”

Fotografía: Flor Vallaud

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Juan Carlos, el “fueye” y el 2×4

Afilado con el argot del mundo del tango que hablaba por él, Juan Carlos elegía el lunfardo para matizar sus conversaciones cotidianas, no así sus escritos, en los que volcaba su más cuidadosa prosa.
Jugaba en el espejo a parecerse a Gardel y suspiraba en la intimidad del respirar del bandoneón. Lo deseaba entre sus piernas, aunque debía contentarse con acompañarlo. Fusionaba su voz con ese instrumento que estaba vivo y componía con él un melodioso penar.
Respiraba el bandoneón y su corazón latía al compás.
En cada exhalación un desamor, una partida y un adiós.
Bandoneón que brincó desde algún lugar de Europa al Río de la Plata, donde encontró su hogar. Ventarrón de susurros en su orugar.
Se abría, tomaba aire, se desperezaba y se volvía a encoger en otra queja. Adusto y serio bandoneón del arrabal, entrañablemente quejumbroso y sentimental. Matizaba de grises neblinados su dulce pena de esos días, en su Villa Crespo natal.

Decálogo para encontrarme

SI el amor se hace medible, entonces No
SI no hay lugar para expresarse, entonces NO
SI escapás al frío, a la lluvia y a la neblina, entonces NO
SI calculás lo que cuesta, entonces NO
SI el alma y el afecto tienen edades, entonces NO
SI no cuidás mi esencia, sin dudarlo es NO
SI tu corazón no está al desnudo, entonces NO
SI la cobardía te amedrenta, quedate en la seguridad de tu cueva
SI necesitás controlar, celar y vigilar, ni lo pienses
SI te motiva la discusión y las peleas, no estoy disponible
SI para vos la muerte es definitiva y no parte del renacer cotidiano, entonces sigue sobreviviendo

 

comentariosdecafé

Si te estremece un amanecer en el desierto, entonces sintonizamos
SI cada injusticia te subleva, entonces contá conmigo
SI tu sueño es entregarte a los caprichos del viento, entonces fluyamos
SI te gustan los atardeceres abrigados, junto a un hogar a leños
los chocolates, el te de frutillas, un buen libro compañero, serás bienvenido a mi morada
SI cumpliendo tus propios sueños me encuentras, entonces indefectiblemente seremos compañeros.

Sandra Defrancesco

Música: Cara o seca- “Para encontrarme”