Un minuto de magia

Si pudiera hacer desaparecer algunas cosas enterrándolas, incinerándolas o simplemente usando magia haría desaparecer entre otras cosas los cumpleaños y sus reuniones por cortesía, por compromiso, por tradición. Y celebraría la vida porque sí, la amistad, y los logros, cumplir años no conlleva mérito alguno, el tiempo pasa para todos por igual.
Si pudiera, haría desaparecer el falso patriotismo, la moralina de las fiestas patrias, el acartonamiento de las formaciones y los desfiles, las filas en las escuelas, las oraciones desactualizadas, sin sentido, los discursos que nadie escucha, las palabras de otros que se leen como propias sin dar aviso del plagio al interlocutor.
Si pudiera eliminaría el deber ser en todas sus dimensiones e inventaría tintes que visibilizaran la envidia, la mentira, los celos, las falsedades, la hipocresía, el interés.
Si pudiera enterraría el dinero en todas sus formas, mejor lo quemaría y destruiría toda maquinaria que lo genere y hasta borraría de la memoria su uso.
Aniquilaría con una vara mágica toda forma de matar, menos esta vara que sólo aniquila lo que destruye la vida.
Y borraría la especulación, la cobardía, la desidia, la miseria, el hambre, las guerras, toda manifestación de violencia,… la ignorancia que olvida y que se enceguece en repetir las historias nefastas.
Y reinventaría el mundo, y desenterraría las almas valientes sin guerra. Y llamaría a las musas inspiradoras, y pintaría de colores los días y embriagaría de pasión los corazones, y liberaría las almas soñadoras. Y convocaría a todos los seres del universo para que se reconozcan y se reúnan por propósitos que se integren y nos eleven a una conciencia mayor más armónica y conviviente.
Sandra Defrancesco

Hagámosle espacio,
démosle vientre,
démosle útero,
que la ternura lo proteja,
hasta que pueda salir de cara al sol:
Mundo Nuevo

 

Respiro profundo y enlentezco mi andar
Una canción azul escucho a lo lejos
Percibo los latidos de la tierra
Sincronizo mis pasos y mi pulso
Me reconozco en los espejos
Y agradezcoDSC_0297

Deshojando todo verso que no resuene en vos,
agregando otros
resignificás cada palabra
y descubrís tu propia melodía
Porque somos poetas:
vos y yo

No le temo al vacío
Ni al silencio le esquivo
La hoja en blanco puede esperarme
Hoy confío

p

Retorno

Vuelvo
a reencontrarte con mis bases
con mis apoyos
con mi suelo
con mi gente
con mis principios
con mi esencia
con mis raices, mi barro
con las semillas que no germinaron,
las que se hicieron árboles
y las que me siguen esperando para que esparza mañana.
Contener al mar en cada caracola
soltar el timón
para morir en algún muelle con el mar

Sandra Defrancesco- Collage

 

Silencios necesarios

El silencio me permite encontrarme
con la soledad inherente a mí, primigenia,
preexistente
me sacude, me interroga, me inquieta,
me introduce a un pozo seco
me condena a un confín de ausencias y quietudes,
me pone en expectadora de mis días rutinarios
me nutre de conciencia
me suspende en el tiempo
me pausa para tomar aire
me abstiene de movimiento
me enmudece
me saca de la estructura heredada
me da oportunidad de Ser

Sandra Defrancesco- COLLAGE

Amo los intentos y las transformaciones. Las ganas de crecer venciendo el ego. La superación del fracaso a través de la aceptación del mismo. La unión de voluntades y el trabajo en equipo. Los ojos que brillan ante la espera de un cambio. El niño que todos llevamos y que se escurre de a ratos. El capricho camuflado en propuesta, el juego solapado en tareas. El odio que esconde tristeza y que cuando se lo sospecha se desarma en lágrimas.

Cuando el anhelo supera la realidad y el amor no condice con la vida. Cuando la espera supera al tiempo y la nostalgia todos los días grises. Cuando el equipaje supera tus hombros y las vanidades la estupidez. Cuando las ansias superan tu paciencia y el olvido todos los buenos recuerdos. Cuando todo esto te pase y te des cuenta, no abandones, estás a punto de despertar.

La patria heredada

“Cuando era pequeña y subía a la terraza comunitaria de mi edificio a recoger la ropa que mi madre había tendido, me resultaba inevitable chusmear entre las sábanas de otros, ver si utilizaban broches o no para colgar las prendas, mirar si separaban la ropa de color de la blanca, como siempre repetía mi madre. Resulta un tanto irrespetuoso hacerlo, pero por otro lado, asomarme sin permiso a la vida de mis vecinos me permitía sentirlos más cercanos. Todas aquellas cuerdas blancas con calzones, corpiños, calzoncillos, pijamas, pantalones y camisetas creaban, en conjunto, una identidad. Ya de más grande la misma tradición me avergonzaba, nos habíamos mudado a una casa con poco fondo y a mi madre le encantaba colgar la ropa en una cuerda que atravesaba todo el jardín delantero. No entendía su obsesión ¡teniendo la posibilidad de comprar un secarropas y colgar en un tender pequeño!. Recuerdo evitar invitar a mis amigas a casa por temor a que se burlasen de mí. Qué estúpida puede ser la ignorancia, yo no sabía de tradiciones familiares, ni de costumbres lugareñas transportadas a otros sitios, solo creía que era indecoroso mostrar las prendas en un tendedero.
¿Qué puede haber más decoroso que tener tu propia cuerda para colgar tu ropa al sol?
Sin duda, pasado el tiempo de las apariencias, esas banderas cotidianas en las que transcurren la vida, son para mí la patria heredada”
palabras de Francesca en “Tulipano negro”
DSC_0246 (2).JPG