Un día sucede. Parece que cualquier día, pero no. Solo despertás diferente, la visión levemente desenfocada. Todo tu mundo sigue ahí, algo ha cambiado. No te das cuenta qué es lo que luce diferente, pero estás seguro que algo no está en su lugar.
Salís a la calle. La caminás queriendo encontrar una señal. Despreciás lo mismo que ayer: “aquella gente pequeña cartoneando en la esquina, sin rumbo, sin meta” te decís por dentro.
Un perro que aparece por sorpresa y te muerde. Dolor intenso, corte visible…sin sangrado aparente. La mordedura es en la muñeca izquierda. Arde mucho. Algo sale de la herida, eso parece, nada visible.
Seguís caminando, la gente pasa y te mira. Te mira mucho, demasiado.
Pasás por la plaza: primera señal evidente, las flores rojas son hoy transparentes.
Pasás por la verdulería: segunda señal, aquellas manzanas rojas guardan su forma mas no su color.
La vista se nubla más y más.
De regreso a casa caés tumbado al borde de la calle.
Aquellos niños dejan de cartonear al verte. Vacían el carro, te cargan y te llevan corriendo al hospital. La sangre fluye a borbotones…vos no podés verlo.
La vida te ha quitado un color: el carmín, el rojo, el mismo rubí… entre otras cosas

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