Cuando viajo siento que mi cotidianidad queda en suspenso. Hago una pausa de mi vida común y ordinaria. Pretendo congelar lo que dejo, que quede ahí protegido de todo cambio, que aguarde mi regreso.
Y en ese paréntesis me dispongo a irrumpir en las cotidianidades de otros. En sus íntimas vidas comunes y ordinarias. Me enmiscullo en ellas. Saboreo sus comidas. Retengo sus paisajes. Camino sus calles y percibo ese aroma…sí ese aroma que caracteriza al lugar. Puede ser a una flor, a un fruto, a leña humeante, a tierra mojada…hay un aroma que distingue cada rincón, que combina con su gente. Y absorbo su música…sí hay un ritmo único, que sólo se entiende estando en el lugar de donde sale.
Me pienso en el espacio que habito. Y entonces intento identificar ese aroma y esa música…no los encuentro. Entiendo que es eso lo que busco cuando viajo. Fundamentalmente busco mi lugar que aún no lo encuentro.DSC_0491

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