Hoy me desperté pesada. Es uno de esos días donde la ley de gravedad se agrava. Pesa el cuerpo, el alma, la palabra. Es denso el aire que respiro, la humedad del ambiente, tu palabra también me pesa. No hay sonrisa, ni aliento. Nada que aliviane la carga que llevo. Pesa, todo pesa: la propia sombra, el camino, las manecillas del reloj, el pulso y el ritmo de mi corazón…todo cargado de sedimento, lodo espeso de significaciones que no expreso. Me dirijo a tientas, lentamente a mi trabajo y allí se imponen reglas plomizas, sofocantes , sin lugar, sin tiempo, sin respiro. Para muchos es suficiente, menos para mí, menos aquí, menos ahora. Me ahogo en esta nada irrespirable, en este letargo atemorizado y enquistado. Todo es culpa y orden, el miedo y la estupidez son impunes. Sociedad de “dementores escalofriantes”, congeladores sistemáticos de sueños.
Busco una endija donde se filtre algún destello que decida quedarse. Para que algo nuevo suceda, ventile y despabile, aliviane y movilice la espesura. Una ocasión para mí, para este aquí, para este ahora. En un espacio desespaciado, en un destiempo sin relojes. Un rincón fecundo para la existencia de la evocación y del delirio. Y hacerme espesa en otra espesura, en la del monte y sus verdes matices, sin vos, sin carga, sin miedos, ni atmósfera, ni gravedad que agrave la densidad de mis días.

seal

silêncio

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