Pasa en esos días que no tenés ni un centavo. Abrís la heladera: sólo una papa y un huevo. Sí eso, y ponés a hervir el huevo y a asar la papa. Te llaman del banco para ofrecerte una nueva tarjeta de crédito diferente a la que todavía no pudiste pagar, por la cual estás a punto de entrar en el veraz. Se te rompe la heladera y no justamente por sobrecarga, se pincha la cubierta de la bici y no escontrás la pu.. SUBE. Todo en un mismo día!!!
Te entretenés sacando cuentas que nunca dan, atendiendo los reclamos de las máquinas que te anuncian por vigésima vez que sos un moroso y no amoroso y zás….se te pasó el huevo y se quemó la papa. Entonces, ya sin energía ni para suicidarte considerás salír a la vereda, pisás el sorullo del perro de la vecina y gracias a las supersticiones heredadas sonreís porque es señal que la buena suerte se aproxima.

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